Liberate de la culpa

Libérate de la culpa

December 19, 20257 min read

La culpa es un mal hábito generalizado.

En este artículo vamos a explorar una de las energías más desempoderantes: la culpa, y uno de los hábitos más generalizados de nuestra sociedad: “culpar a otro”. Exploraremos los mecanismos internos de su funcionamiento, sus componentes energéticos, lo que sucede cuando nos culpamos a nosotros mismos, el efecto que puede estar teniendo en tu vida y qué hacer al respecto.


En Chile decimos “echar la culpa”. Hoy en día escuchamos esta expresión donde sea que estemos: en la micro, en la vía pública, con amigos, en los medios de comunicación, etc.

Decimos: “él o ella tuvo la culpa de eso”.

La culpa es una energía de baja vibración cuya base vibracional dice: “no me quiero hacer cargo de esto, yo no soy responsable”. Su base es el desempoderamiento. La expresión “echar” tiene mucho de cierto, ya que lo que buscamos es deshacernos de algo que no nos gusta; en este caso, de la energía, situación o emoción que se siente incómoda en nosotros.

Esto lo he observado muchas veces en mi propia vida, cuando hago algo o me sucede algo que no me agrada o que considero que no me beneficia, y me descubro buscando excusas o culpables frente a lo ocurrido. No importa quién sea: puede ser el jefe, el clima, el gato, un amigo, un desconocido, Dios, el Universo, etc. De esta forma, cuando encuentro un “culpable”, me siento mejor.

Al mismo tiempo, sin embargo, sé que me estoy contando un cuento. Sé que, si quiero vivir una vida empoderada, en la que aprendo de las situaciones que no me sirven, la pregunta correcta siempre es: “¿qué rol tuve yo en esto?”. Después de todo, el hecho es que estuve involucrada en algún grado; de lo contrario, no estaría ahí.

Cuando me hago esta pregunta, me siento con mi incomodidad y la miro a los ojos. Solo desde esta actitud soy capaz de encontrar las sutilezas de las energías, los sistemas de creencias y las decisiones que hicieron posible esa situación en mi vida en primer lugar. Observo mi rol en el juego de la vida y aprendo de las circunstancias.

No hace mucho, una persona cercana a mí me increpó desde la energía de la culpa, repitiéndome varias veces que él/ella no permitiría que “por mi culpa” algo específico en su vida sucediera. Con ojos sorprendidos observé la situación mientras escuchaba sus palabras, claramente basadas en la reacción y el miedo.

Un buen entrenamiento en empoderamiento te permite caer con ambos pies en tu centro cuando alguien intenta imponerte cualquier energía desempoderante.

Cuando estamos en miedo, estamos en energías contractivas y no somos capaces de ver con perspectiva ni de ir más allá.

En mi caso, observé tanto mi estado interno como la situación externa, y a través de esa observación pude recoger valiosa información que me empoderó aún más, sin aceptar —por supuesto— la energía de la culpa en mí.

¿Qué sucede cuando aceptamos culpa?

La culpa puede sentirse como un ataque. En sí misma, contiene energía de agresividad, tanto hacia nosotros como hacia los demás. Cuando nos culpan, generalmente sentimos el impulso de defendernos. La otra persona no está asumiendo responsabilidad y, de pronto, nos vemos cargando con un peso sobre los hombros que no sentimos que queramos llevar.

Cuando tomas este peso energético, te desempoderas y disminuyes tu nivel vibracional.

La culpa es una excelente estrategia de manipulación, cuyas dinámicas explicaré al final de este artículo 😉

Culpa versus responsabilidad

Muchas veces confundimos culpa con responsabilidad. Por supuesto, existen situaciones en las que somos más o menos responsables que otros respecto de lo que ha sucedido.

Puede que alguien se haya pasado una luz roja y te haya chocado. Si observamos solo el evento, tú no tienes culpa alguna; quien se pasó la luz roja tiene claramente mayor responsabilidad. Sin embargo, al ser partícipes del evento, ambos son responsables en algún nivel. Comenzando por el simple hecho de que nada puede sucederte sin tu consentimiento. O bien, puede que hayas estado manifestando días fuera de la oficina, querías cambiar de auto (sí, a veces así de “absurdas” son las razones), o estabas discutiendo por teléfono antes del choque. Las razones pueden ser infinitas y, cuando las descubrimos, muchas veces quedamos boquiabiertos al ver de qué manera siempre tenemos algún grado de responsabilidad.

Pero tener responsabilidad no significa ser culpables.

La responsabilidad empodera; la culpa no.

¿Qué pasa cuando nos culpamos a nosotros mismos?

Otro aspecto generalizado que quiero que observemos es lo que sucede cuando dirigimos la culpa hacia nosotros mismos.

En este caso, la culpa se combina energéticamente con el juicio y el autocastigo. Una vez más, energías de baja vibración en su esencia.

Generalmente, nos sentimos culpables cuando dañamos a otros o cuando creemos haber tenido un rol en la desgracia de un tercero. Puede que nos arrepintamos de algo que hayamos hecho, dicho o de la forma en que reaccionamos. Esto es una respuesta natural ante un evento que decidimos que no contribuye a nuestras vidas ni a la de los demás. El problema aparece cuando, además del arrepentimiento, nos cargamos de culpa.

En este caso, utilizamos la culpa como una forma de autoflagelación, castigándonos por haber hecho algo “mal”. Esto dista mucho del amor propio y la autoapreciación. Así, nos juzgamos y fortalecemos sistemas de creencias contractivos basados en el dolor, el sufrimiento y el desempoderamiento, entre otros.

Mi planteamiento es observar por qué, cuando hemos sido partícipes de una situación de la que nos arrepentimos, elegimos además sentir culpa. Si de aprender se trata, el arrepentimiento es suficiente. Cuando metemos mal las manos al enchufe, confiamos en la persona equivocada o echamos más sal a la sopa de la necesaria, sentimos arrepentimiento, aprendemos y seguimos adelante.
¿Por qué, entonces, elegimos también sentir culpa?

Dejo esta pregunta abierta para que la observes en tu propia vida.

¿De qué forma la culpa puede ser utilizada para manipular a otros?

Probablemente ya puedas imaginar cómo la energía de la culpa es una herramienta muy eficaz para manipular. Como mencionamos antes, su base es de baja vibración. Y cuando estamos en baja vibración, entramos en estados contractivos, alejados de nuestra capacidad de sentirnos plenos, abundantes y de tomar decisiones alineadas con nuestro bienestar integral como seres humanos libres y completos.

En el catolicismo (religión en la que me crié y que usaré como ejemplo social), observé cómo en misa se repetía: “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”. Junto con esto, se nos enseñaba que parte del rito era golpearnos el pecho.

Hoy, más allá de si se trata del catolicismo u otra religión o credo (me interesa más el fondo que la forma), me sorprende la precisión energética de este rito y su trabajo con la culpa. Lo que muchas personas no saben es que, a través de la técnica del tapping (o EFT, en inglés), cuando se golpea físicamente el pecho mientras se repite una afirmación en la consciencia, se ancla esa energía en la estructura molecular. En otras palabras, la culpa queda grabada en el subconsciente y se vuelve parte del día a día, cuando en esencia el ser humano —al igual que con el miedo— no siente culpa de forma natural.

La culpa mantiene a las personas en un estado de “deuda” y, por lo tanto, resulta más fácil sugerirles que hagan algo específico. Es decir, manipularlas. De la misma manera, cuando estamos en estados contractivos y desconectados de nuestra guía interna, somos más susceptibles a seguir algo externo en lugar de nuestra propia verdad.

Y no solo las instituciones hacen esto; también lo hacemos nosotros entre nosotros. Aquí la pregunta es:
¿estoy usando la culpa para manipular a otros?
¿Soy capaz de obtener los mismos resultados —o mejores— sin recurrir a la culpa?

¿Qué hacer con la energía de la culpa?

Déjala ir. No es tu esencia. No te beneficia, no te empodera, no te enseña.

La observación consciente enseña. La consciencia amplía tu capacidad de ver. La conexión con tu esencia te libera de lo que no es natural en ti.

Y respecto a culpar a otros, se trata justamente de hacernos responsables de aquello de lo que no queremos hacernos responsables.

Cuando vivimos sin culpa, vivimos más livianos. Soltamos con mayor facilidad.

Mi propuesta es vivir sin culpa, de forma responsable.

¿Conoces a alguien a quien este artículo podría beneficiarle?

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Fundadora de Escuela Creación Consciente y Autora del libro Mereces todo solo por el hecho de existir con más de 15 años de experiencia enseñando metodologías de desarrollo personal.

Javiera Correa

Fundadora de Escuela Creación Consciente y Autora del libro Mereces todo solo por el hecho de existir con más de 15 años de experiencia enseñando metodologías de desarrollo personal.

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